A golpe de bachata

Un seguidor de los cuatro chicos de Liverpool, de Bruce, La Creedence, Led Zepelin, Dylan y Leonard junto a los de casa jamás pensó que clavaría los ojos en un deporte que ni con el libro de instrucciones para zamparse la actuación de un intérprete de bachata, trap y reguetón que lleva por nombre Bad Bunny. Benito para los amigos.

     Ahora bien, el montaje que ese treintañero propuso en el descanso de una cita que ve la tira de plebe en todo el orbe fue la leche. Desafió a los mandatarios que observan la migración como una amenaza cantando en español porque esto es también lo que hay. Para Lady Gaga y Ricky Martin, acompañantes en la aventura, aquello se transformó en un tsunami de emociones; Rosalía le dijo «felicidades, leyenda»; Fonsi, «la Superbowl la ganaste tú»; Alicia Keys, «la única cosa más poderosa que el odio es el amor»; Penélope Cruz, «eres muy grande»; todos coincidiendo en que además se trata de un ser humano fetén y otros deteniéndose a resaltar que el espíritu del puertorriqueño es el verdadero sueño americano. Ante los sucesivos mensajes enviados por el protagonista del momento, Trump aseguró que no lo vería, pero luego se ha quedado a gusto: «Ha sido terrible, una de las peores sesiones de la historia. Una afrenta a la grandeza de Estados Unidos que no representa nuestros estándares de éxito, creatividad y excelencia. Nadie entiende una palabra de lo que dice este tipo. Y el baile es repugnante, especialmente para los niños pequeños». Asumámoslo: este fulano también es la leche.

     Profesores de universidades estadounidenses coinciden en ponderar lo ocurrido en el californiano Levi ‘s Stadium de Santa Clara por el impacto que pueda tener en jóvenes ajenos a lo que está pasando a su alrededor. Y aquí acaban de anunciarse paquetes de nuevas entradas para sus conciertos previstos en España. A finales de mayo habrá dos en el Olímpico de Barcelona porque todavía tiene pinta de ser demasiado pronto para que el Camp Nou esté como Dios manda y los diez que ofrecerá en el Madrid donde Florentino proyectó que Chamartín fuese un continuo Las Vegas se celebrarán lógicamente en el Metropolitano. El barullo registrado es tan morrocotudo que Benito ha dado de lado a las redes sociales eliminando todas las publicaciones que tenía. Habrá que ver a los tecnocaciques, como los llama David Trueba, en contacto con los gabinetes de la Casa Blanca calentando el ambiente al son de: «…Y encima es sanchista».

El desafío

Los criaderos de periodistas se pusieron en ebullición cuando un par de jóvenes reporteros hincaron el diente a un buen manojo de soplos y el tipo más poderoso del Lejano Oeste cayó al suelo como los que le salían al paso a Cassius Clay. El KO técnico se produjo cuando Franco apenas se tenía en pie al igual que hoy su legado por mucho que una ola turbia se harte de dar la matraca.

     El «Washington Post» fue la estrella que irradió por estos lares el renacer de la mejor época para el oficio. Un deambular unido al papel que el editor de turno juegue en la partida junto al músculo que desarrolle. Katherine Graham tomó las riendas con escasa fe en sí misma, apremiada tras volarse su marido la tapa de los sesos y, a lo largo de cuatro décadas, elevó el diario a los altares. En 2013 lo compró el fundador de Amazon que como sabrán da codazos por formar parte de la cuadrilla de potentados que ríe las gracias de quien no tiene ni pizca. Bezos se dispone a echar al 30% de la Redacción, sobre 300, que ejecutan por correo. Una de las afectadas y enviada especial a Kiev lo confirmó: «Me acaban de despedir en plena zona de guerra. No tengo palabras. Estoy devastada».

     Es innegable que los medios atraviesan por graves problemas de sustento. Lo que ocurre es que la irrupción del actual propietario ha despojado a la cabecera de su esencia, de lo que siempre representó y una multitud de suscriptores se ha ido en estampida, lo cual no parece la mejor fórmula de fortalecerlo. Con el nuevo tijeretazo se reduce la cobertura internacional, la cultural y la sección de Deportes ha sido suprimida. Don Graham, hijo que quien es legendaria, ha escrito: «Tendré que leer el periódico de una nueva forma ya que desde finales de los 40 empezaba por las páginas de Deportes». Mira por donde, tal como va mi equipo, a mi me vendría de cine que nadie dijera ni mu.

     Las nuevas hornadas de periodistas han encarar tanto berenjenal como se cuece. Hay que echarle mucha vocación para hacer frente al arsenal de trolas que vía redes agitan los reyes del mambo. Lejos de matar al mensajero, lo del «Post» ha de espolear por mucho que sea inevitable atisbar desde el más allá la mueca de complicidad de Nixon, el muy tunante.

Dándose a la pesca sin contemplaciones

Como si de una secuencia de «Misión imposible» se tratara, Tom Cruise ha dejado precipitadamente su exclusivo ático en el barrio londinense de Knightsbridge tras cuatro años de estancia. El robo en una tienda cercana vinculada a Rolex perpetrado por varios asaltantes que reventaron las vitrinas y huyeron en ciclomotores en pleno día; el asalto a una tienda de la firma italiana Loro Piana, situada a escasa distancia de Harrods, tras empotrar un venículo contra su fachada enmarcados en una estadística que algunos meses ha rondado los trescientos delitos por la zona con episodios de violencia ha tenido algo que ver por mucho que, como agente de la Fuerza de Misiones Imposibles, Ethan Hunt esté acostumbrado a transitar por situaciones límites. A esta hora no hay constancia de que el famoso actor hubiese sido agraciado con uno o más apartamentos en la controvertida urba de Playa de San Juan.

     Llamativo sí que resultaría, aunque los casos detectados no se los salta un galgo. Un funcionario de la conselleria de marras revisó, tramitó y acreditó un expediente estableciendo como «favorable» todos los requisitos del mismo. Tras una verificación suplementaria se constató que la aspirante es cónyuge de aquél y arquitecta en Urbanismo del Ayuntamiento de Alicante. Hay que tener cuajo. Similar al de las responsables políticas que el caso ha ido dejando por el camino. El poeta Benjamín Prado ha escrito al respecto puesto que, pensando en el pliego de maniobras orquestadas en la oscuridad, lo ocurrido es poesía pura. Y para introducir el desvarío se remonta a un capítulo en el que Almudena Grandes y él aceptaron ser jurados en el marco de una institución y una ciudad que no se desvelan pero a la que no hay que irse muy lejos para contemplarla. Relata cómo lo leído no les había parecido nada del otro mundo, aunque coincidían en destacar al mismo. Y deja caer el mosqueo al toparse en la sala de deliberaciones con tres desconocidos impuestos por la organización cuando el anfitrión echó un vistazo al escrutinio, «puso cara de sorpresa por la que no le habrían dado un premio de interpretación y exclamó: ¡No os lo vais a creer!». 

     Hay algo que a estas alturas del escándalo aún no me ha quedado claro: ¿Se le ha dado un piso a alguno de los solicitantes que en puridad le correspondía? Al enterarse tampoco se creería nadie que quien nada más llegar cambió la ley para que las uvepeó puedan venderse a precio de renta libre fue Mazón. Efectivamente, el que faltaba.

Tropas de montaña en acción

Me escurro por Filmin. Inesperadamente me topo con «Profesor en Groenlandia» y cualquiera no explora. El director es francés. Enseguida se me vino a la mente el mensaje de Macron desvelado por el avieso destinatario: «Lo que quieras Donald y por favor no se lo digas a la población». La docuficción, por su parte, es de hace ocho años y, desde entonces, Samuel Collardey está desaparecido en combate.

     El planteamiento es bien intencionado. Lo mejor, las escalofriantes panorámicas. Anders anda con la mosca tras la oreja porque ve cómo se consume el padre y no está por la labor de heredar la granja y los aperos. Tanto es así que, desde el continente, opta a una plaza en esa tremenda isla. Le ofrecen la capital, un pueblo mediano u otro de apenas ochenta habitantes en el peor lugar posible, que es el que elige. Quiere romper con todo, pero pronto se percatará de que ni Dios le hace caso. Alguien espeta que a ver si se ha creído que por ser danés puede mirarlos por encima del hombro. Marzio G. Mian, reportero de los pies a la cabeza, destacado experto en el Ártico, atestigua que la población de inuits no siente nada por Europa, que está obsesionada con la comida y por sobrevivir y que, aunque la ballena y la morsa son sugerentes, la foca no hay quien se la coma. Para lograr integrarse, el profe le dice a la anfitriona que le eche más. 

     Aprovecha el acercamiento para interesarse por un crío que lleva una semana sin aparecer, a lo que le contestan que aprende mucho más yendo a cazar con el abuelo. Se nutren desconectados del mundanal ruido, por lo que llega un punto en que Anders comprende que no queda otra que domar el trineo y apuntarse a la primera expedición. Dentro del ensayo previsto por la Otán, España enviará tropas de montaña al norte de Noruega ante el envite de la Administración estadounidense. En una presunta guerra ártica los vehículos hay que mantenerlos en marcha o no vuelven a arrancar; la grasa se congela; los fusiles cambian sus gatillos para que quepa el dedo enguantado y las gafas se empañan o revientan. El escenario no puede ser más rompedor. Y tanto el Catar-Suiza como el Austria-Jordania del Mundial en San Francisco no colman las expectativas de Trump para este verano. Al final va a ser eso.

El espanto interminable

La acompaño a la estación. Desde antes de la pandemia una vez al mes se cita con el ida y vuelta de alta velocidad. Lleva todos estos días huyendo del cúmulo de noticias con vaivenes que dan pavor. Alcanzamos la terminal, hay tiempo de sobra. El silencio inunda la atmósfera. Al pasar por la Fnac hemos recordado por desengrasar la tarde aquella de julio del 13 en que nos acercamos a ver en directo a Rozalén, una chavala sobre la que como con tantas otras voces Radio 3 nos había puesto en la pista. Allí desenfundó su guitarra y protegida por el lenguaje de signos a manos de Beatriz dejó claro la artistaza que lleva dentro mientras entonaba con un corazón desprendido su «80 veces».

     Los andenes van tragando pasajeros. El frío cala los huesos. Acaba de amanecer. Cae un rocío de despedidas con adioses de otra dimensión, intensos y sin palabras apenas. Si acaso el ruego acerca de que redoble mensajes durante el trayecto. Desaparece entre el gentío con la mirada perdida mientras de regreso me zambullo con ansia en las últimas páginas de la odisea que andamos atravesando: que si el desgaste ondulatorio por la vibración crea olas en la cabeza del carril que ocasiona un ruido intenso; que si la fractura en la soldadura por contacto de rueda y carril genera fatiga… Un sindiós vamos.

     El ministro del ramo, aunque a cada paso advierta que no se puede dar nada por definitivo, habla, habla y no para de lo que puede haber sucedido sobre un mapa de incidencias de todos los colores que vienen y van. A su vez la oposición se desprende de la bandera blanca que en tan pocas ocasiones enarbola y concentra sus miradas en ver cómo puede equiparar el desastre con el de la dana para intentar del modo que sea compensar el daño sufrido en la formación por la inacción primero y la posterior ignominia de Mazón y su plebe sin importarle lo más mínimo el daño gratuito que se pueda infligir a la legión de afectados en un punto cardinal, en otro y en otro. ¡Qué horror, qué hartazgo! ¿Y si recapacitan y echan el freno de una puta vez?

El sabor de los placeres sencillos

Atento a las tendencias del sector, durante esta edición de Fitur me ha dado por hacer recuento de los viajes de placer. Ante un aniversario a mediados de los noventa me afané en preparar una sorpresa. Llamé al restaurante de la Torre Eiffel con el francés del Bachillerato y cuando mesié Castillo llevaba un buen rato escuchando aquello dijo: «Soy de Utrera». Antes y después la selección se centró en Venecia, Londres, Praga, Florencia, Varsovia, Estocolmo, Amsterdam, Edimburgo, Estambul, Nueva York… todas europeas, incluida la suya, por lo que es lógico que Donald no soporte al viejo continente.

     En los doce años largos que la husky tomó el mando miramos hacia Gredos, la Alpujarra, el Montseny… hasta que una mañana en casa se echó al suelo para no caminar más. Su paso trastocó la mentalidad y determinó que, aeropuertos en verano, tururú. De modo que ahí nos tienen un año comiéndonos Extremadura desde el Festival de Mérida a los racimos monumentales sin dejar de adentrarnos en Monfragüe; al siguiente Navarra, que no se acaba nunca, con gregoriano en Leyre, escalada a Irati paladeando Ochagavía, retorno por Zugarramurdi y el Señorío de Bertiz para comer como Dios en el Europa pamplonica y despedirnos escuchando barroco en el castillo de Olite antes de tomarnos un gin tonic en la plaza con Rafa Marañón que de crío dibujó en sus calles los goles que más tarde lograría. El caso era irse a la cama haciendo la ola.

     Con tal de evitar sobresaltos con las dichosas sorpresitas, ahora dispone ella. En noviembre logró entradas para un montaje fuera de lo común en un lugar de semblante industrial al que de otra forma nunca se nos hubiese ocurrido ir. El madrugador vuelo pertenecía a Volotea, no a Ryanair, con lo que el destino lo alcanzas de buen humor. Teníamos previsto acercarnos a un pintoresco pueblo del Cantábrico, pero llovía y en el sitio elegido empezamos a sentirnos abrigados. La del museo histórico nos adoptó al igual que en el hotel. El casco antiguo era pequeño, pero seductor. La función de marras nos puso en órbita y sin tener que pillar el metro hasta la siguiente estación. Acabamos picoteando con las recomendaciones de los lugareños, sobre todo las del rincón del desayuno. Y, con sus tres noches y tres días, regresamos encantados con la fórmula. Saber lo que quieres, buscarlo y, confortados por el relax, dejarte llevar por la cordialidad reinante. Que, pásmense, existe para dar y tomar.

Las vueltas que da la vida

La cifra está calentita. Es oficial. La han reproducido los principales medios internacionales y otros menos señeros. No es otra que el número de deportaciones realizadas al cumplirse el primer año de la actual Administración estadounidense. Han sido expulsados 622.000 de los llamados extranjeros ilegales. Alguien dirá a bote pronto: qué barbaridad. Pero no pierdan de vista que el actual inquilino se reenganchó a la Casa Blanca prometiendo que los desalojados del país serían un millón. Al ínclito le pirra que los recaditos queden redondos.

     Pero dentro de este estadillo están las comparaciones que muchas veces son odiosas y, si no, aguarden. En su último año Biden desterró a 778.000. Entre lo que le gusta a Donald darle bombo a sus hazañas y el sesgo de las cabeceras más influyentes entre Washington y Nueva York, en más de una ocasión perdemos el norte. Y, ahora, siéntense, porque les puede dar un pasmo. El habitualmente brillante Barack Obama, hijo de inmigrante keniano, que nos embarcó en un cúmulo de emociones durante el discurso tras acceder al poder desprendiendo una fragancia desconocida, puso de patitas fuera del territorio a 2.749.706 durante sus dos mandatos, más que ningún otro presidente en las últimas tres décadas. Para hacérnoslo mirar.

     Y ahora voy a trasladarles un extracto del discurso de despedida de un antecesor del trío: «Creo que es apropiado dejar un pensamiento final. Cualquiera de cualquier rincón de la tierra puede venir a vivir a América y convertirse en estadounidense. Porque es la gran fuerza vital de cada generación, la que garantiza que el triunfo de Estados Unidos continúe sin igual en el próximo siglo y más allá. En este terreno ningún país se acerca. Somos líderes porque sacamos nuestra fuerza de todos los países y rincones del mundo. Y, al hacerlo, renovamos y enriquecemos continuamente a nuestra nación. Damos vida a los sueños, creamos futuro. Si alguna vez cerráramos la puerta nuestro liderazgo se perdería. Los que se convierten en estadounidenses aman aún más a este país. Y por eso la estatua de la Libertad levanta su lámpara para darles la bienvenida. Dan más de lo que reciben. Trabajan y tienen éxito. Renuevan nuestro orgullo y gratitud». Firmado: Ronald Reagan. Sí, el vaquero aquel.

La gran distorsión

Manuel Delgado es un culo inquieto, dedicado a destripar la antropología urbana y religiosa, que tiene a sus espaldas multitud de libros y publicaciones al respecto, mientras que Marta Sanz es una escritora prolífica, con un buen bagaje editado y en reconocimientos, que en la carrera por convertirse en doctora en Literatura Contemporánea trató en su tesis «La poesía española durante la transición». Ambos emprenden juntos un paseo durante ciertas mañanas a fin de acompañar al oyente en los recovecos de miradas e impulsos que merecen la pena a la hora de preguntarse cómo podemos sacarle el jugo a esto. De ese modo entrelazan consideraciones dirigidas a despejar de telarañas la mente.
     En el encuentro más reciente dedicado a hablar de las emociones el ganador del Anagrama de Ensayo por «El animal público» quiso poner el lazo al recorrido enumerando las canciones que tiene seleccionadas para su funeral en espera de que quienes le quieren le lloren y de la primera que echó mano fue de «La vida sigue igual» sin poder evitar que en el estudio se dejase sentir un sobresalto y la que pasase ipso facto a mejor vida fuese la melodía. Los comparecientes en este rincón de las ondas componen una horquilla que acoge a una promoción que apenas unos pocos años después de que la composición ganara el Festival de Benidorm aspiraba a que la cosa continuara de manera muy diferente. A pesar de no pocas fatiguitas, también se salieron con la suya.
     Y aún con las distorsiones sangrantes de quienes desprecian la dignidad y rezuman codicia, el logro doméstico estaba alcanzado en el concierto global. Hasta que un asalto estrambótico ha provocado el desbarajuste. Oyes hablar de la existencia de tierras raras relativamente próximas y se produce un respingo. La distorsión frente a lo que considerábamos firme nos tiene cazando moscas. El acongojamiento se ha extendido a la velocidad de la luz. Las nuevas generaciones tienen tarea. A saber si podremos dejarnos llevar por esos espacios cálidos dedicados a la comprensión.

La sombra del pantallazo

Barómetros del 26 indican que las huestes de Abascal se salen del mapa. El primero en abandonar el barco ha sido Marc Giró. Un diputado de Vox por Toledo fue quien saltó en su día para advertir que, en cuanto colocasen los pies en erreteuveé, pondrían al presentador de Late Xou de patitas en la calle. El diabólico chouman catalán es progre, pero no tonto por lo que  se ha entregado a Atresmedia no sin recalcar que su voluntad es «seguir con la misma vocación de servicio público». Yo de Sánchez aprovecharía las dos semanas escasas que le quedan en el ente para  que venda lo de los alquileres porque Urtasun seguro que se derrite antes que con cualquier colega socialista de gabinete.
     Silvia Intxaurrondo lo que ha hecho, en cambio, ha sido apenas separarse de la señal. Habrá pensado: a ver si me descuido… Tamaña incertidumbre no coartó un ápice la previa sobre la comparecencia de su amigo del alma ante la jueza de la dana: «Es que, fíjense, nadie obligó a Feijóo a entregar los mensajes. Y va y entrega la mitad. Entonces ahora claro va la jueza y dice entrégueme la mitad que voluntariamente no ha entregado. Creer que los mensajes de Feijóo son todos los que hay, esto ya tienen que saber ustedes que es un acto de fe. Porque cuando fue al notario éste le dice que son los mensajes que usted quiere mostrar bajo su responsabilidad… pero de haber borrado alguno no habría dejado rastro». En la mayoría de casos los colaboradores se limitan a corroborar lo expuesto por la conductora sin dar abasto hasta remachar: «Así que lo que sabemos hasta ahora es que Feijóo ha mentido 14 meses porque no estuvo puntualmente informado que es lo que dijo».
     El hombre no necesita de nadie para cubrirse de gloria. Entregó la documentación sin dejar de soltar que le parecía sorprendente la actuación de la jueza cuando esta lo llamó como testigo porque hay una asociación de víctimas mortales que así lo requirió. Y sí, está claro que Intxaurrondo cuenta lo que cuenta de la forma que ella cuenta. Ya se sabe. Andaluza perdida.     

Una vía de escape

Apenas llevamos unos días del nuevo año y vaya pinta que tiene esto. La primera semana del prometedor alcalde de Nueva York, seguro que no entraba ni en el peor de sus sueños: choques con Israel y eclipsado por Trump. Dado el dispositivo de funcionamiento con el que amenaza el inquilino de la Casa Blanca, mucha imaginación va a tener que echarle Mamdani al trasiego de vida en la ciudad de los rascacielos para que le echen cuenta. No ya es que Groenlandia ande por ahí a tiro de piedra es que cuando ocurre lo ocurrido en Mineápolis es JD Vance el encargado de coger las riendas para dejar claro que el agente que mató a la mujer goza de «inmunidad absoluta». Intentas digerirlo tras ver las imágenes y llega un momento en que no puedes más. Entonces desconectas y das la sesión por concluída.
     Lo apuntan los especialistas, aunque es el sentido común el que advierte que ha rebosado el vaso y que es necesario darle un giro al signo de los tiempos, descansar de la actualidad e ir en busca de relax. A eso me entrego. Busco, busco y busco. Y cómo tendremos la caja de cambios alojada en la mollera que cuando me doy cuenta he acabado echándome en manos de Bergman para distender. Ya me encuentro en «Secretos de un matrimonio», en el instante en que ella le propone un viaje y el hermético marido desprecia las incomodidades. Pasados unos días le confiesa a bote pronto a su mujer que se ha enamorado y que se va unos meses a París. Hasta ahí duró la aportación del «último existencialista». Que Dios se lo pague.
     Pero un amigo sale al quite con el enlace de «El fin es mi principio» a bordo de la que el gran Bruno Ganz recurre a su hijo para que lo acompañe en el tramo final durante el que revelarle detalles de una existencia que bien vale un ensayo. Ambos conversan, meditan, chocan, recorren un paisaje idílico de la Toscana que bien podría ser el Himalaya por su exuberancia. Qué difícil se hace volver a la cruda realidad que nos envuelve debiéndose despedir de un lugar así sin haber estado.