Se cumple un mes del desenlace del Mundial. La digestión se está haciendo a base de bien. Lo importante ha sido el subcampeonato porque con la victoria sobre Inglaterra se alcanzó el éxtasis. Es más, todo el mundo sabe que uno de los elementos que determinó lo ocurrido en el estadio de Nueva Jersey el 19 de julio fue la pitada monumental en semis que la multitud de seguidores del entonces vigente campeón dedicaron al himno de los malhechores de Malvinas. Esa fue la señal. La devoción del suizo italiano Infantino por el «God Save the King» o «Queen», según sea, es mayúscula. Los sentimientos pierden al presidente de la Fifa por lo que semejante desprecio no iba a tolerarlo. Y cientos de millones de personas así lo percibieron.
Ya se mostraron signos clarificadores de por dónde iban los tiros semanas antes del inicio del campeonato. Sin ir más lejos en el anuncio de la lista de los internacionales en el que el seleccionador sentenciaba que no era suya sino de todos los españoles con jubilados, currantes y chavales desvelando sus nombres y con Felipe VI poniendo la rúbrica sobre el césped. Se trata de la típica idea propia de los creativos argentinos que siempre han clavado la bandera y se han llevado las mayores distinciones en los festivales del ramo y que, en esta ocasión, lo que discurrieron no daba ni para concurrir. Es un ejemplo flagrante de las maniobras orquestadas en la oscuridad que querían sacar a la albiceleste como fuera de la renovación del título. Quien no sea capaz de verlo es porque no quiere.
Dentro de los análisis posteriores a la final algunos de la televisión francesa incidieron en lo aburrida que había resultado. Aburrida sinónimo de monótona porque solo jugaba un equipo. En circunstancias adversas extremas como hubo de afrontarla quien ya saben, sabedor de que no tenía nada que hacer, era impensable aguardar otra cosa. En la de Catar, el combinado galo echó un pulso majestuoso para llevarse la contienda y eso hizo que hasta los telespectadores neutrales vibrasen con el espectáculo. Ni siquiera es cierto que en el transcurso de la del 26 la leña fuera el arma preponderante. Violento fue Holanda en Sudáfrica y llamó la atención por el estilo que se le suponía, pero con la filosofía canchera por estandarte no hay sorpresa que valga. El árbitro fue otro misil en la línea de flotación por lo que da igual que la pelota anduviese siempre en posesión de los mismos porque, aunque hubiesen jugado en chanclas, la suerte estaba echada. Sí, Argentina es el país con más psicólogos por habitantes del mundo, según la OMS, y Buenos Aires concentra una parte grandísima de los terapeutas en acción. De verdad, unos campeones; pacientes, el resto.